No solamente el fútbol argentino siempre está envuelto en casos de violencias, lamentablemente el baloncesto viene repitiendo casos similares en forma periódica.
En la ciudad de Olavarría jugaron el clásico marplatense Quilmes y Peñarol, con victoria para el primero por 102-91. Las victorias de Quilmes no son tan seguidas y por ello la alegría era inmensa, pero cuando los hincas festejaban en el campo, se metió un aficionado de Peñarol y desató una batalla campal.
No puedo creer que se esté viviendo este grado de violencia en un deporte, donde siempre tiene que haber un ganador y un perdedor. Peor aún es el caso de Peñarol, equipo que casi siempre le toca festejar, pero cuando pierde jamás ha dejado a su rival celebrar en paz.