El agotamiento de muchos de los integrantes del seleccionado español de balonmano era la máxima preocupación de la afición y de los mismos protagonistas de este deporte, pues tuvieron una exigente temporada en la liga y a nivel europeo y eso podría sentirse en cada duelo con Portugal.
La resolución del primer choque por la mínima y las diversas fallas en ataque y defensa certificaban el cansancio de los jugadores españoles, ante un rival que nunca podría ocasionarles daño. Pero la revancha mostró a los de Valero Ribera más eufóricos y dispuestos a dar su última entrega para confirmar la presencia mundialista.









