
El pasado domingo Lewis Hamilton se convirtió en el Campeón del Mundo de F1. Es el campeón más joven de la categoría y se ha dado la casualidad de una persona de raza negra logra por primera vez un título en la Formula 1.
Por todas partes se resalta la victoria no de Hamilton si no de un piloto de color. Es como si pareciera que lo más importante de Lewis Hamilton está en haber dado mayor importancia y protagonizmo a su raza. Esa no es la prensa que necesitamos y menos que menos el público que debe tener el deporte.
En España, Hamilton tuvo que sufrir muchos comentarios, carteles y hasta un grupo de personas se pintó de negro para parodiar a la familia del británico. Un hecho lamentable e incivilizado, una patología social que lleva siglos sin remediarse y aunque se realicen campañas y demás demagogias, el racismo sigue existiendo y manisfestándose.
Nadie pretende victimizar ni salvar algunas malas actitudes del inglés con este tema, pero resulta una realidad y no es “una broma” como Ecclestone dijo cuando sucedieron cosas similares en el pasado GP de Brasil. Muchos carteles les pedían a los pilotos que “pon a ese negro fuera” pidiendo que alguien atentara contra Hamilton en la carrera para beneficiar a Felipe Massa quien nada tenía que ver con ese salvajismo.
Resulta increíble ver cómo el hombre avanza en la ciencia y en el desarrollo de su intelecto, pero se estanca y se corrompe en algo tan simple como la moral y los buenos valores.
