
La final del Mundial de waterpolo en Roma, dejó un sabor amargo para España, luego de caer contra Serbia en los penaltis (14-13). La clásica historia de esta vía de definición siempre termina siendo injusta o por lo menos en la mayoría de los casos.
Pues, cuando España venció a Serbia en el comienzo de este certamen, nadie imaginaba que fuese el mismo rival que le quitaría el oro. La medalla plateada para los chavales ibéricos es muy buena, pero me parece que merecían el oro.
Pero, vuelvo a repetir, cuando se define por penaltis, los merecimientos quedan a un costado y todo se resuelve por esa especie de moneda al aire. Es cierto que en los penaltis no debemos remitirnos solamente a la cuestión suerte, sino que también se requiere de calidad, pero ninguna de las dos cosas estuvieron presentes.
Es doloroso como se ha caído en la final, pero creo que es muy meritorio tener un seleccionado de waterpolo que se mantiene en la elite de este deporte hace varios años y seguro que ello vale más que cualquier color de presea.
