
Un fin de semana de locuras hemos vivido en el deporte español. Pues, la frutilla del postre la ha puesto el milagro que produjo el Ciudad Real en el Quijote Arena ante el Kiel alemán por la final de la Champions.
Remontar la diferencia del primer juego era complicado o casi imposible para los manchegos, más aún cuando restaban cinco minutos para el final del juego. Sin embargo, el conjunto alemán pecó de soberbia al pensar que el partido estaba terminado antes del pitido final.
Así fue como los muchachos del Ciudad Real dejaron sangre, sudor y lágrimas, para poder quedarse nuevamente con el título de Champions y acabar ganando por 33-27. Realmente una locura se vivió en el estadio, nadie lo podía creer y hasta cuando escribo esta nota, me resulta complicado asimilar el partido que han remontado los manchegos.
Sin dudas que es un premio merecido por haber buscado hasta el final y sobre todo por creer en ellos mismos, cuando todo estaba muy complicado. El Kiel se vuelve con las manos vacías por ingenuo y el Ciudad Real festeja por tozudo.