
En la Caja Mágica se disputaba un torneo de suma trascendencia, la Copa Mundial de Judo, pero España estuvo lejos de ser gran protagonista con su numerosa delegación y fueron sólo dos alegrías entre tantas frustraciones. Lo cual deja un gran interrogante que dirigentes y cuerpo técnico deberán analizar en pos de un mejor futuro.
Sólo Miguel Romero y Ángel Parra pudieron subirse al podio para recibir sus medallas de bronce en un campeonato que premiaba con puntos gordos para el ranking mundial y la clasificación olímpica. El resto de los participantes nacionales estuvieron lejos de poder darles batalla a figuras de talla y que cuentan con una mejor preparación colectiva.
Esto no significa menos preciar el trabajo y esfuerzo de nuestros judocas, pues hacen más de lo que pueden por ser cada día más competitivos. Pero quienes deben respaldarlo para que sus entrenamientos sean ordenados, quienes deben planificar las competencias no lo hacen, entonces se llega a tener un resultado tan frustrante como el del fin de semana.
Este es un trabajo mancomunado y si todos tiran para un mismo lado y no hacia sus propios intereses, el judo nacional mostraría una mejor cara, pues sobra voluntad y ganas de cada uno de los jóvenes que se sube a un tatami, pero también se pide lo mismo de los que están debajo.