
Casi nadie recala en el aspecto emocional de los deportistas. Pues, siempre exigimos su máximo rendimiento sin importar en todo caso cuál es su estado anímico u los problemas que acarrea. Esto también pasa con los empleados de cada oficina u empresa del mundo y finalmente cuando sucede una tragedia como el suicido del portero alemán Robert Enke, nos lamentamos.
Evidentemente la pérdida de su hija hace tres años golpeó duramente al ex portero del Barcelona y Tenerife, algo que es lógico. Lo más incomprensible puede ser que nadie haya advertido esta situación de Enke. Es cierto que es complicado si la propia persona no deja que se le ayude o en todo caso disimula tal depresión.
La carta de despedida que dejó Enke a su esposa y su hija adoptiva, quedará para ellas y tal tez con el tiempo conozcamos las verdaderas causas que le impulsaron al meta a arrojarse a las vías del tren. Lo concreto es que, los deportistas no son una máquina, sienten y sufren igual que todas las personas.
