
Sabía que era su gran oportunidad y lo logró. No podía dejar escapar la posibilidad de transformarse en el sexto hombre que levante los trofeos de los cuatros Grand Slam, uniéndose a la lista de Fred Perry, Don Budge, Rod Laver, Roy Emerson y André Agassi.
Sí, Roger Federer venció a Robin Soderling en la final de Roland Garros y se dio el gusto de ganar el único de los cuatro torneos más importantes que le faltaba. Además, sumó su decimocuarto Grand Slam, alcanzado el récord que ostentaba en solitario Pete Sampras.
Anecdótico pasará a ser el 6-1, 7-6(1) y 6-4 con el cual el suizo de deshizo de Soderling, porque toda la atención está puesta en que Federer ratificó ser el mejor tenista de toda la historia. No estaba atravesando su mejor momento, pero ha logrado volver a ganar un Grand Slam y justamente el que añoraba.
Es cierto que el nivel del suizo no es aquel que tuvo cuando dominó por más de dos años el ranking de la ATP, pero debemos entender que Roger va cumpliendo un ciclo biológico como todo deportista, donde los rendimientos no son los mismos que en su plenitud. De todas formas, jugando este tenis le ha bastado para ganar nuevamente y esto puede jugar muy a su favor en cuanto a lo emocional.
Todo el entorno del tenis manifestaba que Roger se merecía ganar Roland Garros y eso ha dejado en claro que no solamente es el mejor tenista de toda la historia, sino que su comportamiento humano ha sido correcto como su carrera.